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lunes, 30 de marzo de 2009

El metro

El metro de Santiago no es tan útil como, por ejemplo, en Ciudad de México.

La línea 1, que va desde San Pablo hasta Escuela Militar (en Las Condes), es la que más me ayuda. Tengo una estación prácticamente al pie del hotel.

Hay una característica que hace único a este metro. Por ejemplo, el precio no es el mismo en el transcurso del día. En las horas punta (acá no les dicen "Horas Pico" porque "Pico" es la forma de referirse al organo sexual masculino) cuesta más: 460 pesos. (70 centavos)

En el Horario Valle (es decir, el intermedio), cuesta 400 (60 centavos) y en el Bajo (el más barato) 380 (55 centavos o algo así). Por respeto a la tradición austera, solo agarro metro en horario bajo.

El sistema es limpio, seguro y puntual. Y no descuida detalles como este:

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Hay ventiladores que rocían agua. Un detalle considerado para el terrible verano de 30 grados que hay en Santiago.

No voy a hablar del fucking Transantiago. Me ha hecho pasar verguenzas, al punto que una vez me tuvieron tanta pena por mi extravío que no me quisieron cobrar. Es un sistema muy complicado.

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La viejita si sabe coger el Transantiago, yo no

domingo, 15 de marzo de 2009

El Momento Esperado: El primer gran trayecto

Debo ser sincero:

Jamás en mi vida estuve más de 7 horas en un bus.

El viaje más largo que alguna vez hice fue un Quito - Guayaquil, cuando estaba en quinto curso de colegio.

Siempre le tuve aversión a ese tipo de trayectos, tanto que me alejaron de ir a la playa durante muchos años, hasta que por mi propia cuenta pude tomar un avión.

Así que este viaje por tierra es de un impacto que podrán imaginarse.

Venía el primer trayecto largo: Tumbes - Lima, 20 horas.

Me tomé mi tiempo para buscar el mejor transporte y, como les conté en el post anterior, me decidí por Civa.

Por 130 soles (USD 40, aprox) tenía ya mi boleto

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El bus, poco antes de partir.

Es un transporte de dos pisos. El asiento en el de arriba costaba 160 soles. No lo tomé porque ya estaba ocupado todo.

¿La diferencia? QUe el de arriba es totalmente asiento cama, con reclinación de 180 grados. El de abajo, solo es 150.

Bueno, ¿Qué son 30 grados menos?

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Acá pasé 20 horas de mi vida

Y empezó el viaje.

El asiento era tan comodo, tan mullido, tan ideal, que desde que me senté me quedé dormido. Eran las 16:00.

Solo me desperté para merendar en Piura (20:00).

El menu era a elección: me servi estofado de carne con arroz y papas, gelatina y cola.

Enseguida miré una película (que la había visto antes, sobre un padre que va a rescatar a su hija que es secuestrada en París) y para ojear un libro.

Eran las 00:00 cuando me quedé dormido otra vez.

El trayecto no se sentía. Claro que tomé mis pastillas antimareo, que funcionaron de lo mejor.

De cuando en cuando, me despertaba, miraba por la ventana lo poco del paisaje que se podía, y otra vez a dormir.

Era un verdadero avión de primera clase.

A eso de las 7:00 del día siguiente ya no pude dormir mas. Ya estábamos en Huacho, un pueblo a 3 horas de Lima.

Enseguida sirvieron el desayuno: jugo de durazno, café, sanduche de jamón y pastel

Llegamos a la hora acordada al terminal en Lima.

¿La verdad? Altamente recomendable. El transporte interciudades por tierra, en el Perú, es totalmente superior al del Ecuador. De repente, porque en el pais vecino las distancias son enormes.

Fui comodo. Claro, eso no quitó que esté cansado, sobre todo por tanto tiempo sentado y-o acostado.

Pero si, lo volvería a hacer. Y les invito también.

Ahora, me dicen que el servicio en Oltursa y Cruz del Sur es mejor. A la vuelta pruebo.

PD: Estoy atrasado en posts. Con decirles que estoy a pocas horas de salir a Santiago y no les cuento nada de Lima aun. Sepan esperar, gracias.

viernes, 13 de marzo de 2009

Tumbes: la puerta del infierno

Llego a Tumbes y lo primero que hago es buscar transporte hacia Lima

Me había documentado días anteriores que todos los buses hacia la capital salen entre las 15:00 y las 16:00. Como llegé a las 10:00, tenia el tiempo a favor y empecé a recorrer la ciudad

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Un baño promedio en Tumbes

Después de una metódica búsqueda por todas las empresas (vale decir que como país anarcoliberal que es el Perú, no tiene regulación de tarifas de ninguna especie) en procura de un buen precio y buen servicio.

Entre Oltursa, Cruz del Sur, Tepsa y Civa, me decidí por esta última. El terminal estaba decente, los buses se veían grandes y aceptaron tarjeta. El pasaje cuesta 130 soles, en servicio especial. Ojalá no me arrepienta.

De ahi, me fui a hacer tiempo utilizando los servicios del Mototaxi, que cual plaga bíblica invade esta ciudad. Rios de estas motos tuneadas hacen el tráfico infernal. No les cuento las casi 10 cuadras que tuvimos detrás un trailer que amenazaba comerse la moto.

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¡Chapa tu rico mototaxi!

Por 5 soles, fui de un lado al otro.

Hasta que esperaba el almuerzo, me encontré con esta sorpresa:

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¿Durand?, ¿Vallen?

Un criminal el que asesinó el apellido de nuestro anciano ex presidente.

No hay gran cosa que decir de Tumbes, salvo el calor imperante de casi 40 grados y un sol que amenaza con pasarse todo el día ahí encima de nuestras cabezas

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Casona tumbesina, con la fachada de caña. Algo parecido solo había visto en Esmeraldas.

Comi abundante y sabroso (algo que en Perú es una constante) en una cebicheria de la Plaza de Armas. Una bandeja de chicharrón de mariscos -mariscos apanados para los que no saben- y una cerveza grande por USD 5.

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¡Choprove!

Es el momento de viajar a Lima: mañana les cuento cómo me fue.